A pedido de mi teta derecha

Tengo una teta que sabe lo que quiere, y otra que no está tan segura. La izquierda enseguida busca la concavidad de una mano para divertirse. La derecha copia la actitud por complicidad, pero no la convence mucho la situación. Sin embargo, después de treinta segundos ve a su compañera resurgir de entre los dedos, un poco colorada, y reclama ella también la atención de esa mano tan servicial.

Por eso, no hay que ceder nunca ante la comodidad. Aunque se esté acostado de tal forma que quede más a mano agarrar una teta y no la otra, se debe mostrar interés a ambas tetas por igual. De manera consecutiva o, si se pudiera, de forma simultánea.

 

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De amor y otras índoles

Me dijo que había estado teniendo problemas de índole amorosa. Y también de otras índoles. Mi vida por el contrario estaba bien chata últimamente, sin ninguna índole que me indoliera. Cuando me dijo eso, despertó mis ganas de sacudirle las índoles, para que se fijara más en mí y menos en sus cosas. Pero más que nada para hacer algo, porque si no te agarra una inanición amorosa que cuando conocés a alguien interesante ya ni te acordás lo que es conversar. Ni qué decir de tirar un chamuyo.

Entonces empezamos a sacudir las índoles. Dos veces por semana. Cuando me di cuenta ya eran tres. Después fueron cuatro, pero en una íbamos al cine, o tomábamos mates en el parque, o en río, o en el cine.

En cierto momento me dijo que ya no podía arrancarme de su vida. Y tenía razón. Sin querer, o no, me había indolado enteramente de él.