¿Qué estás pensando?

Mi primera relación fue la más fructífera, no por cuestiones románticas sino porque descubrí el potencial, inadvertido por la gran mayoría, de preguntar en qué está pensando el otro.

Con la práctica fui descubriendo que las otras preguntas no sirven para nada. Y peor, caen en la repetición. Algunas preguntas, por más que me resista, son inevitables. ¿De qué trabajan tus viejos? No se puede saber si no se la formula y no vale la pena buscar una construcción sintáctica más compleja. Ahora, lo que yo de verdad quiero saber es si le muevo el piso a la piba. Si le gusta cómo garchamos. Si conmigo se acuerda de la ex o la va olvidando.

Hay momentos donde el otro te mira un poco más profundo de lo normal. O más tiempo. O más cerca. O que no te mira por dos minutos completos. Pero ese tiempo, desnudos y transpirados en la cama, dura más que dos minutos sin hablar vestidos en la cocina. Ahí, un qué estás pensando bien dicho puede tumbar la desconfianza o la vergüenza de los primeros encuentros. Puede arrancar confesiones, recuerdos, algún llanto guardado. Quizás incluso provoque el primer te quiero.

Aunque hay que saber usarlo. Si se dice mucho pierde la fuerza. Si no se usa, el otro jamás llega a recibirlo con naturalidad. No hay que subir ni bajar el tono durante la pronunciación. Decirlo despacio y, sobre todo, no ceder ante la sorpresa del interlocutor. Nada de reír o desviar la mirada: se espera la respuesta en silencio. Así, el otro percibe la seriedad de la cuestión y no se anima a mentir. Tampoco se puede ser insistente, es preferible aceptar un qué te importa y probar otro día, en una situación diferente.

Esto parecerá un cruel método interrogatorio. Sin embargo, también sirve de tamiz. ¿Cómo seguir con alguien que no puede ingeniárselas para responder algo así? Qué me importa de qué trabajan los padres, yo quiero me abra una ventanita a sus pensamientos.

Pensamientos de una ciclista in love

Iba andando en bicicleta y me acordaba de vos. Bah, en realidad nunca había dejado de pensar en vos. Una pierna sube, la otra baja, veo tu pelo. Una pierna sube, la otra baja, veo tus manos apoyadas en el regazo. Un auto toca bocina, acelero para pasarlo, veo tus ojos clavados en tus manos. Tu mirada se levanta y se fija en mí, una pierna sube, la otra baja.

Quisiera mostrarte esto, que sepas con qué intensidad te pienso. Tan real como el viento que me corre el pelo de la cara, como la goma del manubrio adentro de mis puños, como mi espalda haciendo esfuerzo para mantenerse erguida. Tal vez tu imagen es incluso más tangible que todo eso, tu olor me llega más fuerte que el humo del camión delante mío. Casi lo choco por pensar boludeces.

Soy una idiota, los dos lo sabemos. ¿Pero qué voy a hacer? Lo mejor que puedo hacer es agarrar una birome y el anotador que está al lado del teléfono. Cuando escribo es el único momento en que pienso en vos adrede, a ver si al menos me servís de inspiración.