Waltz

Pongamos la canción pop
esa que siempre cantás
mientras lavás los platos
y bailemos
como si fuera un vals
dos, tres
un
dos, tres

Nos quedará la costumbre
de bailar todo
con ese ritmo
y la infinidad musical
robada, furtiva
será nuestra

Que ningún compositor sepa
nuestra herejía
Ellos se desloman
por seguir las formas
y nosotras hacemos
lo que se nos canta

Nadie le cuente a mi madre
que a mi cuerpo le atraen
las métricas impares
porque no entendería
el 3/4,
a veces lo impar
molesta tanto
que la gente prefiere
ignorar
algunos resultados

Quisiera poder saber
cuántos números impares
se fueron borrando
por miedo

Al verdulero de la esquina
yo no sé, me contaron
los vecinos lo vieron
haciendo dibujos
en la libreta de fiado
De chico, el padre
le rompía los bocetos
porque el pan se gana
con un trabajo real
con el lomo abajo
de los cajones de fruta
y nada de arte

Ahora el tipo
se cuida mucho de escribir
solo números pares
pero cuando no hay nadie
la mano cambia de hoja
y bosqueja todas las cifras
que se reprime
en compañía

Yo no quiero tragarme
mis números
y tener acidez
de sentimientos reprimidos
por eso bailo
como vals
dos, tres
un
dos, tres

Mansión Oxford

“Debe ser que aún estando posicionada frente a una calle principal conserva un aura de soledad resguardada, algo de propio y solitario que todavía no le ha sido arrebatado”. (C. S. F.) 

Se puede sentir la energía que sube desde los pies tocando el piso. Los pensamientos flotan hasta el techo altísimo; la mirada se pierde al dibujar los arabescos de los mosaicos en el patio.

La casa era una escalera, unos vitrales de colores. El aire que entraba por la ventana se enrarecía cuando acariciaba los muebles, es algo antiguo e inasible que perdura.

Bastante gente pasa por este lugar durante el día. A la noche las luces se dejan apagadas y las puertas de afuera cerradas con llave. Pero las de adentro quedan entreabiertas, como si los que supieron vivir ahí siguieran atravesando las habitaciones. Trenzan un vals oxidado que deja oír el roce de las ropas. Y el piano, solo en la sala, sacude sus teclas de vez en cuando queriendo marcar el compás. No hay que asustarse si los espejos reflejan pasos en el suelo de madera; algunos bailan para recordarse y otros para olvidar.

La claridad va invadiendo de a poco las aberturas; algún pájaro quebró el cantar de la casa en pena. Los bailarines se saludan con una inclinación hasta la próxima vuelta.