Tus libros

Dejame entrar
a tu casa
a tu biblioteca

Dejame pasar la mano
por las tapas de tus libros
acariciando la sombra
pretérita de tu tacto

Dejame abrir
todos los tomos
y despegar
todas las hojas

Dejame sacarte
los señaladores de lugar
y que pierdas
la cuenta de las páginas

Permitime que marque
con la uña
mis frases favoritas
porque no tengo birome
y que doble
las esquinas superiores
con cariño

Habilitame la duda
a veces no sé
cuál de tus estantes
atacar primero

Y voy soplando
con la boca
suspirando
con la nariz,
desperdigando polvo,
avanzando por el lomo
de cada volumen

Dejame agarrar
el que me guste
con los dientes

Dejame llevarlo
a mi casa
a mi pieza
que duerma al lado mío
en la mesita de luz
que me susurre versos
contra el insomnio
y la soledad

 

La campana suena a las tres

“En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde….”

Al llegar a esa frase, Gabriel cerró el libro. Le ardían los ojos de leer a la luz amarillenta del velador, cuyo reflejo apenas alcanzaba a iluminar el sillón en el que estaba recostado. Solo por curiosidad, abrió el ejemplar y fue hasta la última página. Había una pequeña frase, mal impresa, que rezaba: “Texto impreso en 1997, en Averfield, Escocia.”

Interesado nuevamente, retomó la lectura en donde la había abandonado. Pero al dar vuelta la hoja, se topó con que no había nada, estaba en blanco; y las palomas salieron volando de la cúpula de la capilla al resonar la tercera campanada.