Es una cuestión de inspiración

Dicen que es más fácil escribir con la inspiración sentada justo enfrente de nosotros. Que cuando no nos salen frases para hablar de algo, el mar por ejemplo, hay que agarrar el bolso e ir hasta el pedazo de mar más cercano, o ver una película, o buscar en youtube el ruido de las olas, lo que sea que nos traiga la sensación del mar a la mente.

Esto resulta una obviedad. Pero el buen escritor, ah, ese sabe agarrar a la inspiración del brazo para que no se le escape, no importa en dónde esté. Puede hablar del ruido incesante de las olas, cuando lo único que escucha son los autos que pasan por la avenida de su casa. Puede contarnos sobre la humedad implacable y, que al girar la cabeza para un costado, la nariz queda cerca de la piel del hombro, con olor a sal.

Después de una primera descripción, la imagen se presenta tan fuerte que es más difícil tratar de evitarla que dejarnos invadir los sentidos. Ahí es cuando empezamos a mover los dedos para enterrarlos en la arena fría. Ya tenemos que inclinar la hoja en un ángulo muy preciso porque el sol del mediodía no nos deja leer. Y qué calor. Nos vemos en la necesidad de entrar corriendo al agua. Entrar despacio no es una posibilidad: la ola que rompe en la rodilla salpica hasta el ombligo y nos agarra un frío que parece de fiebre, con el cuerpo todo transpirado y la cabeza hirviendo.

Una vez afuera, podemos volver a la descripción que estábamos leyendo. Nos recostamos sobre el codo derecho y la mano izquierda va pasando las hojas con cuidado para no mojarlas, mientras pensamos en qué habilidad tiene el escritor para hacer un relato tan vívido.

de la escritura IV

A veces siento que escribir es lo más inútil que hice en toda mi vida. Es un segundo de autodecepción. Una vez superado el momento, me doy cuenta de que ésa es exactamente la razón por la que lo sigo haciendo. Porque sí.

 

Razones para escribir

N° II: hace que use el cerebro un poco

N° III (a): a otro le puede servir lo que escriba para comprender la vida un poco mejor

(b): o no

N° IV: las hojas vacías son muy tristes

N° V: escupo lo que me hace mal

N° VI: dejo sentado lo que mi mente olvidará tal vez

N° VII: a un personaje ficticio es más fácil declararle mi amor

N° VIII: puedo matar a las personas que mi moral no me permite eliminar en la vida real

N° IX: suena atractivo decir que se es escritor

N° X (a): puedo decir las verdades que quiera, total nadie las va a creer

(b): y si las creen, puedo decir que es el discurso de un narrador totalmente ficticio

(c): y si no me creen eso, es porque entonces también ellos son escritores

N° XI: a veces escribir es lo único que puedo hacer

N° XII: algunas noches son tan oscuras que, si estoy sola, no me puedo dormir

N° XIII: suele haber una necesidad inconsciente pero acuciante de trascendencia

N° XIV (a): alguna vez me dijeron que las mujeres no eran tan buenas escritoras

(b): y que aparte me iba a cagar de hambre

(c): y que los escritores llevan vidas bohemias, alcohólicas e infelices (como si no se pudiera ser todo eso sin la parte literaria)

N° XV: hasta ahora no encontré algo mejor que hacer

N° XVI: con las quince anteriores es suficiente

 

N° I: (y la más importante tal vez) PORQUE SÍ

 

Pensamientos de una ciclista in love

Iba andando en bicicleta y me acordaba de vos. Bah, en realidad nunca había dejado de pensar en vos. Una pierna sube, la otra baja, veo tu pelo. Una pierna sube, la otra baja, veo tus manos apoyadas en el regazo. Un auto toca bocina, acelero para pasarlo, veo tus ojos clavados en tus manos. Tu mirada se levanta y se fija en mí, una pierna sube, la otra baja.

Quisiera mostrarte esto, que sepas con qué intensidad te pienso. Tan real como el viento que me corre el pelo de la cara, como la goma del manubrio adentro de mis puños, como mi espalda haciendo esfuerzo para mantenerse erguida. Tal vez tu imagen es incluso más tangible que todo eso, tu olor me llega más fuerte que el humo del camión delante mío. Casi lo choco por pensar boludeces.

Soy una idiota, los dos lo sabemos. ¿Pero qué voy a hacer? Lo mejor que puedo hacer es agarrar una birome y el anotador que está al lado del teléfono. Cuando escribo es el único momento en que pienso en vos adrede, a ver si al menos me servís de inspiración.

No sé por qué

No sé por qué. Por algún motivo (que desconozco) todos mis textos arrancan así. Últimamente tengo un pedo mental que me impide ver hacia adelante. Me impide ver hacia atrás. Es como la niebla: si tratás de prender una luz te encandila. Cuanto más esfuerzo mis ojos para distinguir algo, más se cansan. ¿Qué hacer en la niebla? No quedarse quieto, seguro; seguir andando a una velocidad promedio, una obviedad; don’t give up, otra obviedad. ¿Pero qué hago con el miedo? ¿Qué hago si me adormece las piernas y estrangula mi voz? ¿Qué hago si lo único que puedo escuchar es una respiración entrecortada y un corazón desbocado, que me pertenecen pero ya no reconozco?

Quiero ver más allá de las palmas de mis manos. Sé que aguantar es lo único que me queda; si pierdo la ilusión del mañana, la niebla se convierte en hielo.

 

Poemas al paso

Poemas al paso

Hago poemas para regalar

Poemas nuevos sin leer

Escribo poemas por encargue

 

(tengo cinco o seis ya hechos
les voy cambiando algunos versos nomás
total todos alguna vez lloramos
o reímos por amor
o se nos murió alguien
o tuvimos un sueño,
la cosa es leer el poema
como si nunca lo hubieran leído
“cuando digas la palabra ‘carroza’
haz que una carroza
salga de tu boca”
dijo alguien una vez)

 

¡Poemas!

¡Hago poemas en el momento!

¡Poemas al paso,

poemas para llevar!

 

 

[Vendedor de poemas que escuché gritar en una esquina y que nunca volví a cruzar aunque muchas veces más pasé por esa esquina y por tantas otras porque mi vida es nada más que cinco o seis calles que voy recorriendo de distintas formas según la ocasión]

 

Palabras sueltas

Te escribo en una hoja

desprendida del mismo libro

que se soltó por sí sola

como para que te escribiera

 

Y esos atardeceres

que tal vez ahora no recuerde

pero sé que quiero ver otra vez

me hacen pensar en la distancia y la melancolía

 

Me hacen pensar en naranja brillante

sonrisas y ojos que reflejan

un segundo efímero, inabarcable

que es presente y nada más

 

Entonces quisiera compartirlo

que vieras en mis ojos la belleza

que sientas las lágrimas subir

y entiendas el motivo

 

El naranja empieza a opacarse

el azul lo acorrala de a poco

todo declina hacia la noche

pero te siento al lado mío

 

Por eso te escribo en una hoja

desprendida de la noche

que se soltó por sí sola

como para que te escribiera

 

De la escritura 0

Generalmente, uno no escribe sobre las verdades más irrefutables de su vida, escribe sobre todo lo demás, lo que le parece incierto, los misterios que tal vez no busca descubrir pero lo fascinan. Sus verdades aparecen como rayos de luz a través de un papel agujereado pero su obra no trata sobre eso. Si algo no se nombra, como Dios por ejemplo, no significa que no existe, sino que uno cree en ello de manera tan firme que nombrarlo sería el intento sin gracia de explicar una obviedad.