Razones para escribir

N° II: hace que use el cerebro un poco

N° III (a): a otro le puede servir lo que escriba para comprender la vida un poco mejor

(b): o no

N° IV: las hojas vacías son muy tristes

N° V: escupo lo que me hace mal

N° VI: dejo sentado lo que mi mente olvidará tal vez

N° VII: a un personaje ficticio es más fácil declararle mi amor

N° VIII: puedo matar a las personas que mi moral no me permite eliminar en la vida real

N° IX: suena atractivo decir que se es escritor

N° X (a): puedo decir las verdades que quiera, total nadie las va a creer

(b): y si las creen, puedo decir que es el discurso de un narrador totalmente ficticio

(c): y si no me creen eso, es porque entonces también ellos son escritores

N° XI: a veces escribir es lo único que puedo hacer

N° XII: algunas noches son tan oscuras que, si estoy sola, no me puedo dormir

N° XIII: suele haber una necesidad inconsciente pero acuciante de trascendencia

N° XIV (a): alguna vez me dijeron que las mujeres no eran tan buenas escritoras

(b): y que aparte me iba a cagar de hambre

(c): y que los escritores llevan vidas bohemias, alcohólicas e infelices (como si no se pudiera ser todo eso sin la parte literaria)

N° XV: hasta ahora no encontré algo mejor que hacer

N° XVI: con las quince anteriores es suficiente

 

N° I: (y la más importante tal vez) PORQUE SÍ

 

Duele la hoja en blanco

Duele la hoja en blanco
Duele el tiempo
La página se pone amarilla
Trato de darla vuelta y
Se rompe
Me quedo con una hoja
Suelta en la mano
Cuántas hojas voy a romper
Hasta que aprenda
A escribirlas a tiempo
Y no dejar que envejezcan
Que se llenen de arrugas
Sin haber llegado a ser
Quiero escribir mucho
Cansarme la mano
Quedarme sin tinta
Tal vez
Pero que sea por haber hablado
Y no por desuso
Quiero tachar lo escrito
Repensar, redecir
Contradecirme
Quiero demasiado
Ya me lo han dicho
Pero no tengo otra forma
Una es como puede
Es decir, no se puede
Ser lo que no se es
Y por eso digo
Yo soy Esta carajo
No hay más vueltas

 

Déjà vu

Siento que ya escribí estas líneas
lo cual es común para un escritor supongo
porque primero se vive
la cosa que se escribe luego
Pero entones sería un déjà vu por dos
la cuarta vez que escribo esto
aunque tampoco es lo cierto
porque anoche soñé que lo escribía
Déjà vu a la tercera potencia
porque soñé lo que ya había vivido
y ahora escribo eso
que siento que ya escribí
Y mientras más lo pienso
más me enredo
en potencias y raíces
en números irreales
que describen una falacia
Y la paradoja mayor
es que tengo la sensación
de que en realidad ésta es
la primera vez que escribo
y que pienso y que sueño
con esta hoja que ahora leo
y que entre líneas me dice
que lo del déjà vu me lo inventé

 

Palabras sueltas

Te escribo en una hoja
desprendida del mismo libro
que se soltó por sí sola
como para que te escribiera

Y esos atardeceres
que tal vez ahora no recuerde
pero sé que quiero ver otra vez
me hacen pensar en la distancia y la melancolía

Me hacen pensar en naranja brillante
sonrisas y ojos que reflejan
un segundo efímero, inabarcable
que es presente y nada más

Entonces quisiera compartirlo
que vieras en mis ojos la belleza
que sientas las lágrimas subir
y entiendas el motivo

El naranja empieza a opacarse
el azul lo acorrala de a poco
todo declina hacia la noche
pero te siento al lado mío

Por eso te escribo en una hoja
desprendida de la noche
que se soltó por sí sola
como para que te escribiera

 

La campana suena a las tres

“En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde….”

Al llegar a esa frase, Gabriel cerró el libro. Le ardían los ojos de leer a la luz amarillenta del velador, cuyo reflejo apenas alcanzaba a iluminar el sillón en el que estaba recostado. Solo por curiosidad, abrió el ejemplar y fue hasta la última página. Había una pequeña frase, mal impresa, que rezaba: “Texto impreso en 1997, en Averfield, Escocia.”

Interesado nuevamente, retomó la lectura en donde la había abandonado. Pero al dar vuelta la hoja, se topó con que no había nada, estaba en blanco; y las palomas salieron volando de la cúpula de la capilla al resonar la tercera campanada.