Esta noche

En la hora más oscura de la noche me pongo a escribir. Porque todo se vuelve más denso, más palpable. El perro que ladra se escucha como amplificado, parece que fuera el único ser viviente aparte de mí. Ojalá pudiera aullar, para decirle que no está solo. El aire parece más pesado de respirar, hay un letargo en mi mano, en mi parpadear, en el tic tac del reloj.

Una se enrarece. Es como si pudieras mirarte por una ventana, pero a la vez, te ves desde adentro parada afuera del otro lado del vidrio. Por eso decimos cosas que no diríamos en otro momento. Cosas crueles, que nos exponen, que nos desmienten, que hablan de sexo, del pasado, de miedos, de felicidad también, aunque una felicidad demasiado feliz, de la que nos avergonzaríamos al otro día.

La noche en sí nos pone en estado de borrachera. Digo cosas y miro de una forma que no puedo controlar. Y si esa hora fúnebre me encuentra cerca del mar, mejor dejame sola. Yo también quisiera abandonarme en esos momentos porque siento que no quepo dentro de mi cuerpo; hay demasiado yo encerrado en mí.

La culpa es del mar que se vuelve invisible de noche; se convierte en sonido y viento, en gaviotas sonámbulas como yo, en olor a sal. Pero no se puede abarcar con la mirada y eso es casi como no poder tocarlo, lo que es casi como si no existiera. Tal vez por eso me hipnotiza su fuerza inefable, porque a esa hora los dos dejamos de existir.

Con una mano agarro un puñado de arena y siento como se escurre de a poco. Por supuesto que me hace pensar en el tiempo esa metáfora tan trillada. PERO si pongo las palmas sobre la arena ¿significa que todo el tiempo me pertenece? ¿Y si me clavo un vidrio por hacer esa boludez cuando no se ve nada, qué significa?

Duele la hoja en blanco

Duele la hoja en blanco
Duele el tiempo
La página se pone amarilla
Trato de darla vuelta y
Se rompe
Me quedo con una hoja
Suelta en la mano
Cuántas hojas voy a romper
Hasta que aprenda
A escribirlas a tiempo
Y no dejar que envejezcan
Que se llenen de arrugas
Sin haber llegado a ser
Quiero escribir mucho
Cansarme la mano
Quedarme sin tinta
Tal vez
Pero que sea por haber hablado
Y no por desuso
Quiero tachar lo escrito
Repensar, redecir
Contradecirme
Quiero demasiado
Ya me lo han dicho
Pero no tengo otra forma
Una es como puede
Es decir, no se puede
Ser lo que no se es
Y por eso digo
Yo soy Esta carajo
No hay más vueltas

 

Déjà vu

Siento que ya escribí estas líneas
lo cual es común para un escritor supongo
porque primero se vive
la cosa que se escribe luego
Pero entones sería un déjà vu por dos
la cuarta vez que escribo esto
aunque tampoco es lo cierto
porque anoche soñé que lo escribía
Déjà vu a la tercera potencia
porque soñé lo que ya había vivido
y ahora escribo eso
que siento que ya escribí
Y mientras más lo pienso
más me enredo
en potencias y raíces
en números irreales
que describen una falacia
Y la paradoja mayor
es que tengo la sensación
de que en realidad ésta es
la primera vez que escribo
y que pienso y que sueño
con esta hoja que ahora leo
y que entre líneas me dice
que lo del déjà vu me lo inventé

 

En un café

En un café, de mesa a mesa vuela una mirada que es más íntima que en cualquier boliche. La gente pasa apurada por mil acontecimientos, aunque de este lado del vidrio el tiempo no transcurre.

Cuando levanté la mirada me choqué con tus ojos fijos. Los dos hicimos como que nada pasó, pero en cada palabra con nuestro interlocutor había un relojeo, pendientes de los gestos del otro.

Te volví a ver varias veces más, vos ya venías solo. Siempre en la misma mesita, como para hacerte el distraído mirando la calle, justo enfrente mío. Un día apareciste con un sombrero blanco y parecía que quisieras hablarme. Al otro día ya no te vi más. Ahora escribo mirando tu silla vacía…

Palabras sueltas

Te escribo en una hoja
desprendida del mismo libro
que se soltó por sí sola
como para que te escribiera

Y esos atardeceres
que tal vez ahora no recuerde
pero sé que quiero ver otra vez
me hacen pensar en la distancia y la melancolía

Me hacen pensar en naranja brillante
sonrisas y ojos que reflejan
un segundo efímero, inabarcable
que es presente y nada más

Entonces quisiera compartirlo
que vieras en mis ojos la belleza
que sientas las lágrimas subir
y entiendas el motivo

El naranja empieza a opacarse
el azul lo acorrala de a poco
todo declina hacia la noche
pero te siento al lado mío

Por eso te escribo en una hoja
desprendida de la noche
que se soltó por sí sola
como para que te escribiera

 

De la escritura 0

Generalmente, uno no escribe sobre las verdades más irrefutables de su vida, escribe sobre todo lo demás, lo que le parece incierto, los misterios que tal vez no busca descubrir pero lo fascinan. Sus verdades aparecen como rayos de luz a través de un papel agujereado pero su obra no trata sobre eso. Si algo no se nombra, como Dios por ejemplo, no significa que no existe, sino que uno cree en ello de manera tan firme que nombrarlo sería el intento sin gracia de explicar una obviedad.