En un café

En un café, de mesa a mesa vuela una mirada que es más íntima que en cualquier boliche. La gente pasa apurada por mil acontecimientos, aunque de este lado del vidrio el tiempo no transcurre.

Cuando levanté la mirada me choqué con tus ojos fijos. Los dos hicimos como que nada pasó, pero en cada palabra con nuestro interlocutor había un relojeo, pendientes de los gestos del otro.

Te volví a ver varias veces más, vos ya venías solo. Siempre en la misma mesita, como para hacerte el distraído mirando la calle, justo enfrente mío. Un día apareciste con un sombrero blanco y parecía que quisieras hablarme. Al otro día ya no te vi más. Ahora escribo mirando tu silla vacía…