Llover otra vez

Caen rayos y truenos, caen gotas con un sonido constante que lo invade todo. El ruido del agua cayendo se impone como un factor más de la realidad cotidiana y ya no hay remedio. A veces se vuelve consciente; uno presta atención y trata de separar los chapoteos, dibuja un mapa mental del patio según el gotear sobre las macetas, el toldo y la pileta.

Sin embargo, uno suele olvidarse a lo largo del día de esa acusación que cae sobre las cosas y las devuelve a su objetividad original. Entonces, la lluvia se disfraza en los pensamientos; la gente se cree concreta y definida pero ella igual los desdibuja.

Yo nos creía definidos, y ahora veo que nos mezclamos como hace la pintura fresca. Todo es tan abstracto. La lluvia está en la cama y nosotros afuera. En nuestro abrazo se funden los truenos, salen voces de las plantas, las macetas respiran, tu pelo está húmedo, tu boca gotea palabras que afuera refucilan y vuelven a entrar por los agujeros de la persiana.

Diez minutos después para de llover. Es la primera vez que escucho mi respiración. Estamos tan juntos, pero recuperamos nuestras formas. Qué fuerte se vuelve el silencio. Oscurece, nos vamos quedando en la nada física. Podemos pensar solamente en que estamos pensando, y es atormentador. El agua se escurre dejando todo vacío, desarmado. Si hasta los besos se escurren y uno queda raro después. Uno entiende las cosas, pero al rato se olvida y tiene que hacer el esfuerzo de volver a entenderlas, así como llueve cada cierto tiempo. Sería imposible una lluvia infinita, un entender absoluto.

En algún momento vamos a tener que levantarnos y prender la luz, aunque es muy molesto pensar en eso ahora que estamos abrazados y ha empezado a llover otra vez.

 

Palabras sueltas

Te escribo en una hoja

desprendida del mismo libro

que se soltó por sí sola

como para que te escribiera

 

Y esos atardeceres

que tal vez ahora no recuerde

pero sé que quiero ver otra vez

me hacen pensar en la distancia y la melancolía

 

Me hacen pensar en naranja brillante

sonrisas y ojos que reflejan

un segundo efímero, inabarcable

que es presente y nada más

 

Entonces quisiera compartirlo

que vieras en mis ojos la belleza

que sientas las lágrimas subir

y entiendas el motivo

 

El naranja empieza a opacarse

el azul lo acorrala de a poco

todo declina hacia la noche

pero te siento al lado mío

 

Por eso te escribo en una hoja

desprendida de la noche

que se soltó por sí sola

como para que te escribiera

 

De golpe en golpe

¿Por qué no se apura?, ¿No ve que se está haciendo de noche y no queda tiempo para jugar? Pero claro, como la pelota es suya al señor hay que rogarle. Ya era hora. A ver. Estos dos para allá y Julián para acá. Más vale que este no se haga el vivo y se quede en el arco de chupamate como hace siempre. Ahora saca el dueño, se la pasa a Gabriel, que se la devuelve. Viene a nuestro lado y yo se la voy a sacar a ése. Me ve y se frena, le gritan que la pase y tengo que seguirle los movimientos de las piernas. La pisa, un paso para atrás, amaga para un lado y sale para otro ¡¡¡Ole!!! Gritaron todos. Qué gusto da gambetear con la pelota de uno. Como que ya se le conoce el recorrido. Ahora viene ese tonto de nuevo; un pequeño quiebre de tobillo, la bocha se corre y el estúpido sigue de largo devuelta. Esa te la cobro por la de la otra vez, la que me mandaste la pelota al club vecino y tuve que pasar yo a buscarla ¿Ahora quién se desmarca? Se la doy y turno de ustedes muchachos. Cada vez cuesta más ver la pelota; ojalá que haya un gol por lo menos, antes de terminar. ¡Ah, el fútbol! Me acuerdo cuando yo jugaba de pibe ¡Qué época! Me pasaban a buscar y los que perdían pagaban la gaseosa. Cómo me gustaría volver por una vez, solo por un partido, y ponerme de vuelta los botines rojos, los de la buena suerte. Pasame el mate Javier. A vos nunca te gustó el fútbol ¿Eh? Lo tuyo era la música, desde chico.

¡Pero dale! Largala de una vez. Acá Julián, eso. Yo voy para arriba hasta que alguno de los otros me frene; el dueño ya quedó atrás. ¿Qué habrá sido de Susana hoy? No vino a jugar. ¿Y el arquero qué hace? Si está tan adelante yo le pego al arco. ¡¡¡Uy!!! ¡¿Cómo le voy a dar así al palo?

Susana juega más que bien. Me encanta cuando jugamos en el mismo equipo pero nunca se lo voy a decir. Porque juega mejor que yo, y si estamos en distintos equipos medio que me pega un baile. ¡Qué suerte que dio justo en el palo! Si Esteban y Gabriel se apuran jugamos al contraataque. Tirala hombre, que estoy solo. Ahora sí. A Tomás lo marca Martín. Tomá Mario.

Piqué, solo, piqué. Gracias Mario. Voy para acá, voy para allá, me adelanto, veo un espacio en la defensa, me perfilo y ¡¡¡Gol!!!