Lo que le voy a decir al próximo pelotudo que vea chiflándole a una mujer por la calle

Te pregunto a vos pibe, que le acabás de chiflar a la chica que pasó caminando antes que yo. ¿Qué te pensás? ¿Qué la mina se va a acostar con vos porque te hiciste el gracioso? ¿Cuál es tu problema que te da placer cuando una mujer te mira con asco? Porque a mí me gusta que las chicas me miren con ganas, no con desprecio. Entonces, la próxima le podés chiflar a un perro que pase, porque es el único que te puede llegar a dar bola así.

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A pedido de mi teta derecha

Tengo una teta que sabe lo que quiere, y otra que no está tan segura. La izquierda enseguida busca la concavidad de una mano para divertirse. La derecha copia la actitud por complicidad, pero no la convence mucho la situación. Sin embargo, después de treinta segundos ve a su compañera resurgir de entre los dedos, un poco colorada, y reclama ella también la atención de esa mano tan servicial.

Por eso, no hay que ceder nunca ante la comodidad. Aunque se esté acostado de tal forma que quede más a mano agarrar una teta y no la otra, se debe mostrar interés a ambas tetas por igual. De manera consecutiva o, si se pudiera, de forma simultánea.

 

Besos varios

Un beso en el cachete para que no se note que me gustás, pero una mano suavemente en la cintura para que tampoco sea un beso cualquiera.

Un beso en los ojos porque te obliga a cerrarlos, y me liberás entonces de la vergüenza que me genera tu mirada fija.

Un beso en la nariz. Para que te dé gracia, para que me muestres los dientes y me soples aire tibio.

Un beso en la comisura. Para ver qué cara ponés. Si te quedás quieto así, perdoname, pero me tomo el atrevimiento de salvar la poca distancia que queda.

Un beso donde deben caer los besos. Articulado con firmeza. Correspondido: como todos  los buenos besos.

Tal vez

Tal vez hablar sobre el amor sirva como purga para quien escribe, y nada más. O para hundirse más en la desesperación de saber que la persona por la que escribe jamás leerá ni una de esas líneas y, si las lee, no se reconocerá en ellas y, si lo hace, puede que el tiempo haya convertido las palabras en mentira.

Hay cosas que se van y ya no vuelven. Que nunca volvieron y tampoco lo van a hacer, aunque siga esperándolas. Tu recuerdo es lo único que queda, y el mío de cuando vivía en vez de esperar.

 

Razones para escribir

N° II: hace que use el cerebro un poco

N° III (a): a otro le puede servir lo que escriba para comprender la vida un poco mejor

(b): o no

N° IV: las hojas vacías son muy tristes

N° V: escupo lo que me hace mal

N° VI: dejo sentado lo que mi mente olvidará tal vez

N° VII: a un personaje ficticio es más fácil declararle mi amor

N° VIII: puedo matar a las personas que mi moral no me permite eliminar en la vida real

N° IX: suena atractivo decir que se es escritor

N° X (a): puedo decir las verdades que quiera, total nadie las va a creer

(b): y si las creen, puedo decir que es el discurso de un narrador totalmente ficticio

(c): y si no me creen eso, es porque entonces también ellos son escritores

N° XI: a veces escribir es lo único que puedo hacer

N° XII: algunas noches son tan oscuras que, si estoy sola, no me puedo dormir

N° XIII: suele haber una necesidad inconsciente pero acuciante de trascendencia

N° XIV (a): alguna vez me dijeron que las mujeres no eran tan buenas escritoras

(b): y que aparte me iba a cagar de hambre

(c): y que los escritores llevan vidas bohemias, alcohólicas e infelices (como si no se pudiera ser todo eso sin la parte literaria)

N° XV: hasta ahora no encontré algo mejor que hacer

N° XVI: con las quince anteriores es suficiente

 

N° I: (y la más importante tal vez) PORQUE SÍ

 

De amor y otras índoles

Me dijo que había estado teniendo problemas de índole amorosa. Y también de otras índoles. Mi vida por el contrario estaba bien chata últimamente, sin ninguna índole que me indoliera. Cuando me dijo eso, despertó mis ganas de sacudirle las índoles, para que se fijara más en mí y menos en sus cosas. Pero más que nada para hacer algo, porque si no te agarra una inanición amorosa que cuando conocés a alguien interesante ya ni te acordás lo que es conversar. Ni qué decir de tirar un chamuyo.

Entonces empezamos a sacudir las índoles. Dos veces por semana. Cuando me di cuenta ya eran tres. Después fueron cuatro, pero en una íbamos al cine, o tomábamos mates en el parque, o en río, o en el cine.

En cierto momento me dijo que ya no podía arrancarme de su vida. Y tenía razón. Sin querer, o no, me había indolado enteramente de él.

 

Pensamientos de una ciclista in love

Iba andando en bicicleta y me acordaba de vos. Bah, en realidad nunca había dejado de pensar en vos. Una pierna sube, la otra baja, veo tu pelo. Una pierna sube, la otra baja, veo tus manos apoyadas en el regazo. Un auto toca bocina, acelero para pasarlo, veo tus ojos clavados en tus manos. Tu mirada se levanta y se fija en mí, una pierna sube, la otra baja.

Quisiera mostrarte esto, que sepas con qué intensidad te pienso. Tan real como el viento que me corre el pelo de la cara, como la goma del manubrio adentro de mis puños, como mi espalda haciendo esfuerzo para mantenerse erguida. Tal vez tu imagen es incluso más tangible que todo eso, tu olor me llega más fuerte que el humo del camión delante mío. Casi lo choco por pensar boludeces.

Soy una idiota, los dos lo sabemos. ¿Pero qué voy a hacer? Lo mejor que puedo hacer es agarrar una birome y el anotador que está al lado del teléfono. Cuando escribo es el único momento en que pienso en vos adrede, a ver si al menos me servís de inspiración.