La lejanía del mirar

Ella sabe que cuando su mirada se pierde en lo lejos no tiene sentido hablarle, porque se ha ido. ¿En qué campos andarán sus ojos, qué estará viendo que ella no alcanza a comprender? No le importa dejarla un rato, se pierde, y a veces hasta le cuesta volver. Y si por casualidad los ojos de ambos se chocan, ella trastabilla y cae en esas dos cuencas vacías. Dos pozos profundos donde el musgo crece cubriendo las paredes, y a medida que baja la oscuridad se refuerza. Aunque arriba de todo las raíces marrones rodean los agujeros; algunas veces logra agarrarse antes de caer. Entonces se levanta de la silla y se va sin decirle nada. No quiere volver a hablarle hasta más tarde, cuando él haya regresado.

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