La desnudez

Me llama mucho la atención el tema de la desnudez. Es decir, cómo cambia el conjunto de la persona según lo que lleva puesto, según las telas que esconden y disimulan las partes de su cuerpo. Creo que la belleza alcanza su cumbre en esta falta de elementos que oculten la visión del cuerpo en movimiento, de sus músculos trabajando.

Cuando alguien está desnudo se aprecia la belleza que sale desde los órganos. Entonces, el reflejo de los ojos puede encontrarse también en la piel, en las venas traslúcidas o no, y la figura muestra una totalidad que antes hubiera costado entrever. El cuerpo de cualquier hombre o cualquier mujer, joven o adulto, se vuelve más fácilmente delimitable.

Los ojos en la cara arrugada de un viejo observan las manos gastadas de su mujer, tras años de verlas moverse, tras años de mirar con esos ojos. La mujer acaricia su cara áspera y las manos se sienten cálidas. El hombre cierra sus ojos por un momento, hasta que la mano lo suelta. Entonces mira sus propias palmas, que están igual de ásperas que esas, y observa el rostro de ella, que es tan cálido como sus manos.

 

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