El sol le calentaba los párpados

El sol le calentaba los párpados. Sacó una mano del agua para refrescarse la cara, poniendo cuidado en no abrirlos. Sus sentidos se burlaban de él: cada vez que creía que el mar lo arrastraba hacia adentro, estaba casi más cerca de la orilla.

Flotaba boca arriba; los rayos del Sol hacían que de a poco se fuera acalorando otra vez. Para no caer ante la necesidad de cerciorarse de su posición constantemente, trató de pensar en cosas que pudieran distraerlo. En algún momento lo logró, y estuvo sumergido en esos pensamientos, sin notar siquiera el agua que recorría su piel. Sus ideas se alzaban y descendían a la par de su propio cuerpo.

Abrió los ojos involuntariamente y recién entonces se dio cuenta de su olvido. Empezó a nadar desesperado por la distancia tan grande que ahora sí lo separaba de la playa. El tiempo que tardó no podía medirse en tiempo, no tenía sentido hacerlo. Al tocar la arena con los pies se sintió tan aliviado que le asomó un leve temblor en las piernas, pero siguió avanzando hasta que dejó de tocar el agua. Se tiró boca abajo en la arena aunque en seguida se volvió a levantar. Se sentó mucho más lejos del mar, no fuera cosa de que la marea creciera y lo llevara devuelta.

 

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