De amor y otras índoles

Me dijo que había estado teniendo problemas de índole amorosa. Y también de otras índoles. Mi vida por el contrario estaba bien chata últimamente, sin ninguna índole que me indoliera. Cuando me dijo eso, despertó mis ganas de sacudirle las índoles, para que se fijara más en mí y menos en sus cosas. Pero más que nada para hacer algo, porque si no te agarra una inanición amorosa que cuando conocés a alguien interesante ya ni te acordás lo que es conversar. Ni qué decir de tirar un chamuyo.

Entonces empezamos a sacudir las índoles. Dos veces por semana. Cuando me di cuenta ya eran tres. Después fueron cuatro, pero en una íbamos al cine, o tomábamos mates en el parque, o en río, o en el cine.

En cierto momento me dijo que ya no podía arrancarme de su vida. Y tenía razón. Sin querer, o no, me había indolado enteramente de él.

 

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